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lunes, 14 de diciembre de 2015

el conejito soñador


Edades:
Todas las edades
El conejito soñador Había una vez un conejito soñador que vivía en una casita en medio del bosque, rodeado de libros y fantasía, pero no tenía amigos. Todos le habían dado de lado porque se pasaba el día contando historias imaginarias sobre hazañas caballerescas, aventuras submarinas y expediciones extraterrestres. Siempre estaba inventando aventuras como si las hubiera vivido de verdad, hasta que sus amigos se cansaron de escucharle y acabó quedándose solo.

Al principio el conejito se sintió muy triste y empezó a pensar que sus historias eran muy aburridas y por eso nadie las quería escuchar. Pero pese a eso continuó escribiendo.

Las historias del conejito eran increíbles y le permitían vivir todo tipo de aventuras. Se imaginaba vestido de caballero salvando a inocentes princesas o sintiendo el frío del mar sobre su traje de buzo mientras exploraba las profundidades del océano.

Se pasaba el día escribiendo historias y dibujando los lugares que imaginaba. De vez en cuando, salía al bosque a leer en voz alta, por si alguien estaba interesado en compartir sus relatos.

Un día, mientras el conejito soñador leía entusiasmado su último relato, apareció por allí una hermosa conejita que parecía perdida. Pero nuestro amigo estaba tan entregado a la interpretación de sus propios cuentos que ni se enteró de que alguien lo escuchaba.

jueves, 10 de diciembre de 2015

OBSEQUIO


La luna brillaba en lo alto y el mar comenzaba a embravecer…

Un hombre regresaba en su barca después de horas de arduo trabajo
Impregnado del sudor salado y del esfuerzo del diario acontecer.
Su voz apenas audible clamaba al cielo la oración diaria de agradecimiento y
Envuelto en plegarias avanzaba con paso lento pero firme hacia su casa; donde un
Destino diferente  lo esperaba con los brazos abiertos.

Una estrella apareció de repente enorme, brillante, y a su lado un
Ángel hermoso que llevaba consigo un cofre dorado
Rebosante de bendiciones. El ángel se acercó al hombre y
Depositó frente a él el cofre, pidiéndole que lo abriera le dio a escoger lo que quisiera:
Oro, piedras preciosas, ricos manjares… había tanto por escoger… cuando de pronto, el hombre
Fijó la vista en un pequeño frasco que había en el fondo.  Un frasco lleno de un
Líquido plateado, brillante, y sin pensarlo dos veces lo tomó; preguntó al ángel que era aquello y
Observando detenidamente pudo darse cuenta que había un pequeño letrero que
Rezaba al calce: “agua de la vida”. ¿Qué era aquello que había entre sus manos? Acaso 
Era verdad lo que sus ojos veían? Un pensamiento cruzó por su mente, la imagen de
Su hijo muerto al que podría revivir con aquel elixir se hizo presente. Sin pensarlo tomó el frasco y
Gustoso agradeció al ángel el hermoso regalo que acababa de recibir. ¡Todo iba a cambiar! el
Obsequio más grande que el ser humano pudiera albergar, la oportunidad de volver a la vida!!!

Mas algo lo paralizó, observó el frasco detenidamente y con los ojos llenos de lágrimas lo devolvió.
El ángel extrañado preguntó el porqué de su acción a lo cual el hombre respondió: un
Zafiro perdería su valor si lo devuelvo a la tierra…  Él vive en mí y en cada corazón que lo recuerda.

“Morir es trasladarse a una casa más bella, se trata sencillamente de abandonar el cuerpo físico como una mariposa abandona su capullo” 


Autor: Malu Ramírez

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Los tres tigres



Había  tres tigresitos chiquitos su mamá no estaba los dejo abandonados  ellos estaban buscando a su mama pero no la encontraban ellos lloraban mucho por su mama  los tigresitos tenían mucha hambre
Buscaron comida así que los tigresitos se quedaron dormidos cuando despertaron había tigres blancos,y naranjas y dijeron vamos a comer hermanos comieron peces tomaron agua pero un tigre grande le dijo por qué andas comiendo de mi comida y el tigresito le dijo que tenía hambre y que andaba buscando a su ama que no la encontraban y le dijo el tigre pus que tus hermanos busquen a su mama dijo los tres tigres  pero son muchos andaban buscando a  su mamá pero no la encontraron  y  vieron a na tigre igual que ellos pero la tigre lloro por qué dejo abandonados. Y dijeron que era nuestra mamá  y la tigre se puso feliz por encontrar a sus tres hijos.

Autor: Yhoalibeth Carreto





miércoles, 2 de diciembre de 2015

el gigante egoista


Cada tarde, a la salida de la escuela, los niños se iban a jugar al jardín del Gigante. Era un jardín amplio y hermoso, con arbustos de flores y cubierto de césped verde y suave. Por aquí y por allá, entre la hierba, se abrían flores luminosas como estrellas, y había doce albaricoqueros que durante la primavera se cubrían con delicadas flores color rosa y nácar, y al llegar el otoño se cargaban de ricos frutos aterciopelados. Los pájaros se demoraban en el ramaje de los árboles, y cantaban con tanta dulzura que los niños dejaban de jugar para escuchar sus trinos.
-¡Qué felices somos aquí! -se decían unos a otros.
Pero un día el Gigante regresó. Había ido de visita donde su amigo el Ogro de Cornish, y se había quedado con él durante los últimos siete años. Durante ese tiempo ya se habían dicho todo lo que se tenían que decir, pues su conversación era limitada, y el Gigante sintió el deseo de volver a su mansión. Al llegar, lo primero que vio fue a los niños jugando en el jardín.
-¿Qué hacen aquí? -surgió con su voz retumbante.
Los niños escaparon corriendo en desbandada.
-Este jardín es mío. Es mi jardín propio -dijo el Gigante-; todo el mundo debe entender eso y no dejaré que nadie se meta a jugar aquí.
Y, de inmediato, alzó una pared muy alta, y en la puerta puso un cartel que decía:
ENTRADA ESTRICTAMENTE PROHIBIDA
BAJO LAS PENAS CONSIGUIENTES
Era un Gigante egoísta...
Los pobres niños se quedaron sin tener dónde jugar. Hicieron la prueba de ir a jugar en la carretera, pero estaba llena de polvo, estaba plagada de pedruscos, y no les gustó. A menudo rondaban alrededor del muro que ocultaba el jardín del Gigante y recordaban nostálgicamente lo que había detrás.
-¡Qué dichosos éramos allí! -se decían unos a otros.
Cuando la primavera volvió, toda la comarca se pobló de pájaros y flores. Sin embargo, en el jardín del Gigante Egoísta permanecía el invierno todavía. Como no había niños, los pájaros no cantaban y los árboles se olvidaron de florecer. Solo una vez una lindísima flor se asomó entre la hierba, pero apenas vio el cartel, se sintió tan triste por los niños que volvió a meterse bajo tierra y volvió a quedarse dormida.
Los únicos que ahí se sentían a gusto eran la Nieve y la Escarcha.
-La primavera se olvidó de este jardín -se dijeron-, así que nos quedaremos aquí todo el resto del año.
La Nieve cubrió la tierra con su gran manto blanco y la Escarcha cubrió de plata los árboles. Y en seguida invitaron a su triste amigo el Viento del Norte para que pasara con ellos el resto de la temporada. Y llegó el Viento del Norte. Venía envuelto en pieles y anduvo rugiendo por el jardín durante todo el día, desganchando las plantas y derribando las chimeneas.
-¡Qué lugar más agradable! -dijo-. Tenemos que decirle al Granizo que venga a estar con nosotros también.
Y vino el Granizo también. Todos los días se pasaba tres horas tamborileando en los tejados de la mansión, hasta que rompió la mayor parte de las tejas. Después se ponía a dar vueltas alrededor, corriendo lo más rápido que podía. Se vestía de gris y su aliento era como el hielo.
-No entiendo por qué la primavera se demora tanto en llegar aquí -decía el Gigante Egoísta cuando se asomaba a la ventana y veía su jardín cubierto de gris y blanco-, espero que pronto cambie el tiempo.
Pero la primavera no llegó nunca, ni tampoco el verano. El otoño dio frutos dorados en todos los jardines, pero al jardín del Gigante no le dio ninguno.
-Es un gigante demasiado egoísta -decían los frutales.
De esta manera, el jardín del Gigante quedó para siempre sumido en el invierno, y el Viento del Norte y el Granizo y la Escarcha y la Nieve bailoteaban lúgubremente entre los árboles.
Una mañana, el Gigante estaba en la cama todavía cuando oyó que una música muy hermosa llegaba desde afuera. Sonaba tan dulce en sus oídos, que pensó que tenía que ser el rey de los elfos que pasaba por allí. En realidad, era solo un jilguerito que estaba cantando frente a su ventana, pero hacía tanto tiempo que el Gigante no escuchaba cantar ni un pájaro en su jardín, que le pareció escuchar la música más bella del mundo. Entonces el Granizo detuvo su danza, y el Viento del Norte dejó de rugir y un perfume delicioso penetró por entre las persianas abiertas.
-¡Qué bueno! Parece que al fin llegó la primavera -dijo el Gigante, y saltó de la cama para correr a la ventana.
¿Y qué es lo que vio?
Ante sus ojos había un espectáculo maravilloso. A través de una brecha del muro habían entrado los niños, y se habían trepado a los árboles. En cada árbol había un niño, y los árboles estaban tan felices de tenerlos nuevamente con ellos, que se habían cubierto de flores y balanceaban suavemente sus ramas sobre sus cabecitas infantiles. Los pájaros revoloteaban cantando alrededor de ellos, y los pequeños reían. Era realmente un espectáculo muy bello. Solo en un rincón el invierno reinaba. Era el rincón más apartado del jardín y en él se encontraba un niñito. Pero era tan pequeñín que no lograba alcanzar a las ramas del árbol, y el niño daba vueltas alrededor del viejo tronco llorando amargamente. El pobre árbol estaba todavía completamente cubierto de escarcha y nieve, y el Viento del Norte soplaba y rugía sobre él, sacudiéndole las ramas que parecían a punto de quebrarse.
-¡Sube a mí, niñito! -decía el árbol, inclinando sus ramas todo lo que podía. Pero el niño era demasiado pequeño.
El Gigante sintió que el corazón se le derretía.
-¡Cuán egoísta he sido! -exclamó-. Ahora sé por qué la primavera no quería venir hasta aquí. Subiré a ese pobre niñito al árbol y después voy a botar el muro. Desde hoy mi jardín será para siempre un lugar de juegos para los niños.

Autor: Oscar Wilde

El círculo del odio





Un importante empresario estaba enojado y regañó al director de uno de sus negocios. El director llegó a su casa y gritó a su esposa, acusándola de que estaba gastando demasiado porque había un abundante almuerzo en la mesa. La señora gritó a la empleada, que rompió un plato y le dio una patada al perro porque la hizo tropezar. El animal salió corriendo y mordió a una señora que pasaba por allí. Cuando ella fue a la farmacia para hacerse una curación, gritó al farmacéutico porque le dolió la aplicación de la vacuna. Este hombre llegó a su casa y le gritó a su madre porque la comidano era de su agrado. 
La señora, manantial de amor y perdón, le acarició la cabeza mientras le decía: “Hijo querido, te prometo que mañana haré tu comida favorita. Trabajas mucho, estás cansado y hoy precisas una buena noche de sueño. Voy a cambiar las sábanas de tu cama por otras bien limpias y perfumadas para que puedas descansar en paz. Mañana te sentirás mejor”. Lo bendijo y abandonó la habitación, dejándolo solo con sus pensamientos. 
En ese momento se interrumpió el círculo del odio, al chocar con la tolerancia, la dulzura, el perdón y el amor.


Autor: Emmanuel Enrique Xilotl

martes, 1 de diciembre de 2015

El pequeño lobito



El Pequeño lobito había quedado huérfano y papá sol y mamá luna decidieron
adoptarlo,un día lobito quedó al cuidado de papá sol, pero papá sol se
distrajo porque pasó una nube por enfrente de él. Y lobito se perdió en
el bosque oscuro donde papá sol no podía verlo, papá sol lo busco todo
el día pero no encontró  a  lobito, por la tarde ya cansado y vencido
acudió a mamá luna, quien salió presurosa con todo su esplendor al caer
la noche comenzó a llamar a su lobito.

Mientras lobito que estaba muyasustado en lo profundo del bosque subió a lo alto de unas rocas y
comenzó a llamar a su madre con un grito fuerte y claro que retumbaba en
todas partes y así mamá luna y lobito se encontraron, ella dándole luz
con todo su amor para guiarle y él aullando para avisarle donde está.


Autor: Alejandra Nieva Texis.

viernes, 27 de noviembre de 2015

El diario de Anna Frank

El diario de Anna Frank 
La vida en Alemania 
Ana Frank nace el 12 de junio 1929 en la ciudad alemana de Fráncfort del Meno, donde la familia de su padre lleva viviendo varias generaciones. Margot, hermana mayor de Ana, es tres años mayor que esta. La crisis económica, el surgimiento de Hitler y el creciente sentimiento antisemita en la sociedad ponen fin a la tranquila vida de la familia. Otto Frank y Edith, su esposa, deciden – como muchos otros judíos – dejar Alemania.

Una nueva vida en Ámsterdam 

Otto puede montar una empresa en Ámsterdam; la familia encuentra una vivienda en la plaza Merwedeplein. Las niñas van a la escuela, Otto trabaja duro en su fábrica y Edith se ocupa del gobierno del hogar. Cuando la amenaza de la guerra en Europa aumenta, Otto intenta emigrar con su familia a Inglaterra o a los Estados Unidos, pero dichos intentos fracasan. El 1 de septiembre de 1939, Alemania invade Polonia. Este es el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.


Él diario como la mejor amiga
   
Poco antes de tener que esconderse, Ana recibe un diario personal como regalo de cumpleaños, en el que comienza inmediatamente a escribir. Durante el periodo en que estuvo escondida, Ana escribe sobre lo que ocurre en la Casa de Atrás y sobre sí misma. El diario es un gran apoyo para Ana, quien también escribe en él cuentos cortos y colecciona citas de escritores en su «Libro de Frases Bonitas»
Cuando el ministro de educación neerlandés hace un llamamiento – a través de la radio inglesa – a conservar los diarios escritos durante la guerra, Ana decide elaborar el texto de su diario para convertirlo en una novela a la que llamará «La Casa de Atrás». Ana comienza con la reescritura, pero, antes de terminar es descubierta junto con los demás escondidos, y arrestada.
Arresto y deportación 
El 4 de agosto de 1944, los escondidos son arrestados, junto con los ayudantes Johannes Kleiman y Victor Kugler. Pasando por oficina central del Servicio de Seguridad alemán, la prisión y el campo transitorio de Westerbork [provincia de Drenthe, Países Bajos], los escondidos son deportados a Auschwitz. Los dos ayudantes antedichos son enviados al campo de Amersfoort [Países Bajos]. Johannes Kleiman es liberado poco después de su detención, Víctor Kugler consigue escapar del campo unos seis meses después de haber sido internado en él. Inmediatamente después de la detención, Miep Gies y Bep Voskuijl rescatan las hojas del diario de Ana, que han quedado en la Casa de Atrás. Pese a profundas investigaciones, hasta ahora no ha quedado claro cómo fue descubierto el escondite. 
Otro Frank regresa 
Otto Frank es el único de los ocho escondidos que sobrevive a la guerra. Durante su largo viaje de regreso a los Países Bajos es informado de que Edith, su esposa, ha muerto. Aún no sabe nada sobre sus hijas, y abriga esperanzas de poderlas volver a ver con vida. A principios de junio llega a Ámsterdam. Se dirige directamente a la casa de Jan y Miep Gies, con quienes vivirá durante siete años. Otto Frank intenta dar con sus hijas, pero, en el mes de julio, recibe la noticia de que ambas han muerto en el campo de concentración de Bergen-Belsen, a causa de enfermedades y penurias. Miep Gies le entrega entonces las hojas del diario de Ana. Otto lee el diario y encuentra en él a una Ana muy distinta de la que conocía. 

jueves, 26 de noviembre de 2015

LOS DULCEROS


Era el cumpleaños de Fabiola, y junto con su mamá había participado en la preparación de la fiesta. Armaron dulceros para regalar al final, prepararon la piñata y escribió a mano sus 24 invitaciones para sus compañeros de salón.
El día que repartió las invitaciones, le sobraron 2. Cuando su mamá le preguntó cuántos amigos ya estaban enterados de la fiesta ella respondió 22.
Llegó el día! Vinieron muchos amigos. La mamá quería contar cuántos chicos había pero no podía pues ellos estaban en movimiento todo el tiempo! Pensó que si contaba cuántos regalos había sabría exactamente cuántos invitados había en la fiesta.
Había 19 regalos, 1 carta y 2 dibujos. Por lo tanto los 22 amigos asistieron al cumpleaños.
Cuándo finalizó la fiesta, Fabiola preparó 24 dulceros para regalar a sus invitados. Se los repartió a cada uno a medida que sus padres venían a recogerlos.
Cuando se habían ido todos del cumpleaños, su mamá le pidió los 2 dulceros restantes, pero Fabiola tenía solo uno. Qué había pasado?  
Al día siguiente Fabiola asistió a clase como de costumbre. Todavía sus amigos comentaban la diversión que habían vivido en su cumpleaños. Todos reían recordando menos Marilú. Ella estaba seria, y apartada del grupo, mirando de reojo y a lo lejos.
Fabiola pensó que Marilú estaba ofendida porque no recogió muchos dulces cuando fue el tiempo de la piñata, entonces se acercó y le preguntó qué le pasaba?
Marilú se sonrojó. Se quitó la mochila que tenía colgada en la espalda, abrió el cierre, metió su mano en ella y sacó algo. Era un dulcero del cumpleaños de Fabiola!
Miró a Fabiola a los ojos y empezó a explicar:
‘Cuando tu repartías ayer los dulceros, a mí me diste dos veces y yo callé, pues consideré que tener dos dulceros era lo más justo después de no haber podido recoger tantos dulces de la piñata como los demás invitados.
Entonces me fui a casa acompañada de mi padre. En el auto él me contó que su jefe le había otorgado un aumento por ser una persona honrada.
-Qué quiere decir ser una persona honrada? le pregunté.
Él me explicó que ser honrado es respetar los bienes tuyos y los de los demás. No quedarte con cosas que no te pertenecen aunque tengas la oportunidad de que nadie se dé cuenta.
Enseguida me subió un calor por el cuerpo que me recalentó las orejas y las manos. Las mismas manos que sostenían con fuerza dos dulceros de tu cumpleaños.
Al llegar a casa le conté lo sucedido y entre lágrimas y sollozos le dije que yo quería ser una persona honrada como él, y que además no quería ser castigada. Qué vergüenza estaba sintiendo, era insoportable!
Mi padre tan solo dijo:
‘Ya sabes qué hacer si quieres ser una niña honrada’
Entonces guardé el dulcero que no me pertenecía, para traerlo a la escuela y devolvértelo. Aquí lo tienes’’
Los ojos de Fabiola se inundaron de lágrimas, pues estaba conmovida con la historia que Marilú le acaba de contar y aceptó el dulcero. No faltaba ni un solo dulce!
Al final de la historia Marilú demostró ser una niña honrada, y lejos de ser castigada, cuando la maestra se enteró de lo ocurrido le pidió permiso para contar su relato a toda la escuela y desde ese día Marilú fue una niña a la que todos quisieron imitar por su honradez.

martes, 24 de noviembre de 2015

Todos somos diferentes

Animales

Cuenta una historia que varios animales decidieron abrir una escuela en el bosque. Se reunieron y empezaron a elegir las disciplinas que serían impartidas durante el curso.
El pájaro insistió en que la escuela tuviera un curso de vuelo. El pez, que la natación fuera también incluida en el currículo. La ardilla creía que la enseñanza de subir en perpendicular en los árboles era fundamental. El conejo quería, de todas formas, que la carrera fuera también incluida en el programa de disciplinas de la escuela.
Y así siguieron los demás animales, sin saber que cometían un gran error. Todas las sugerencias fueron consideradas y aprobadas. Era obligatorio que todos los animales practicasen todas las disciplinas.
Al día siguiente, empezaron a poner en práctica el programa de estudios. Al principio, el conejo salió magníficamente en la carrera; nadie corría con tanta velocidad como él.

Sin embargo, las dificultades y los problemas empezaron cuando el conejo se puso a aprender a volar. Lo pusieron en una rama de un árbol, y le ordenaron que saltara y volara.
El conejo saltó desde arriba, y el golpe fue tan grande que se rompió las dos piernas. No aprendió a volar y, además, no pudo seguir corriendo como antes.
Al pájaro, que volaba y volaba como nadie, le obligaron a excavar agujeros como a un topo, pero claro, no lo consiguió.
Por el inmenso esfuerzo que tuvo que hacer, acabó rompiendo su pico y sus alas, quedando muchos días sin poder volar. Todo por intentar hacer lo mismo que un topo.
La misma situación fue vivida por un pez, una ardilla y un perro que no pudieron volar, saliendo todos heridos. Al final, la escuela tuvo que cerrar sus puertas.
¿Y saben por qué? Porque los animales llegaron a la conclusión de que todos somos diferentes. Cada uno tiene sus virtudes y también sus debilidades.
Un gato jamás ladrará como un perro, o nadará como un pez. No podemos obligar a que los demás sean, piensen, y hagan algunas cosas como nosotros. Lo que vamos conseguir con eso es que ellos sufran por no conseguir hacer algo de igual manera que nosotros, y por no hacer lo que realmente les gusta.
Debemos respetar las opiniones de los demás, así como sus capacidades y limitaciones. Si alguien es distinto a nosotros, no quiere decir que él sea mejor ni peor que nosotros. Es apenas alguien diferente a quien debemos respetar.

Autor: Pablo Zevallos